viernes, 24 de marzo de 2017

La CRISIS de los millennials

O la crisis de los 30, o la crisis existencial, a secas. No soy muy partidaria de ponerle edad, pues puede presentarse en cualquier momento vital. Puede repetirse en el tiempo, puede permanecer, o ser temporal. Durar un día o también años, por qué no.
Pero los de la generación de los millennials (generación Y, o los nacidos a mitad de la década de los 80 - principios de los 90), o al menos es la percepción sesgada que tengo ahora de mi entorno más cercano, tenemos hartos motivos para generar una crisis al finalizar la década de los veinte. Sin pretender ser demasiado pesimista, intento reflejar una realidad que me golpea cada día al hablar con mis amistades cercanas de los sentimientos más profundos que acechan a principios de la treintena, así que este artículo va dedicado a todos ellos.
Creer en todo es peligroso, sobretodo si ese "todo" no ha sido impuesto por tu voluntad sino por voluntades ajenas que adoptas inconscientemente como propias. Es un proceso lento, y para cuando pasa a tu conciencia (si es que llega a hacerlo, pues algunos no llegan a un nivel de pensamiento profundo y viven alegremente en la ignorancia sin cuestionarse absolutamente nada) te encuentras ya en un estado muy avanzado del camino que creías correcto. Peligra entonces que lances una mirada crítica a todo lo que te enseñaron y tu fe ciega se torne un no creer en nada, a la decepción completa, al nihilismo en su estado más puro.



Y te planteas tu escala de valores, o simplemente tus valores, así, en general. Te preguntas por qué tienes esta edad y todavía no te encuentras donde siempre pensaste. Te das cuenta de que igual tener independencia, un hogar, una familia o vistas a tenerla, un trabajo estable, no es (desde luego no todo junto) del todo factible, al menos no todavía. Y no solo no es factible, igual ni siquiera es lo que Tú realmente quieres.

Nuestros padres lograron todo esto mucho antes, ¿Qué pasa? Pasa que las exigencias de la sociedad y los valores que nos han sido inculcados tanto a nivel social como familiar no se corresponden con la situación actual en la que vivimos, donde reinan la inestabilidad, el cambio, las migraciones, los contratos definidos y las prácticas mal pagadas. Reina una crisis económica que no apuesta por las nuevas generaciones. Reina una competitividad enfermiza y una preparación académica sobrecualificada que tanto abunda como sobra. El capitalismo en su estado más avanzado está mostrando su insostenibilidad de manera insoportablemente evidente. Muchos invierten todas tus energías y ganas en acomodar la situación a los objetivos con los que comenzaron los veinte, pero esa insostenibilidad a largo plazo de la que hablábamos agota la motivación y es ahí cuando llega la decepción y donde se genera la famosa crisis. ¿Qué pasa cuándo la inversión de tiempo y dinero es inmensamente mayor a los resultados que uno espera? Quizá es hora de asimilar que es más probable cambiar tus esquemas mentales a cambiar el mundo que te rodea y en lo que se ha convertido mientras tú (ad)mirabas a generaciones superiores a la tuya.

¿Qué quieres hacer Tú? ¿Estás dispuesto a revisar y abandonar o modificar tus ideales, tus creencias más profundas, tus esquemas, para crear otros nuevos que nazcan de lo más profundo de Tí?

Igual la edad a la que se consigue la tan ansiada estabilidad ya no es la misma, de hecho igual la estabilidad no es la máxima a la que deberíamos aspirar, y es más sano aceptar el devenir como parte inherente a la vida. ¿Por qué no? Si es muy emocionante. Igual casarse no tiene sentido, o sí, e igual tener hijos está sobrevalorado, o crear una familia no es tan importante, por lo menos no tan urgente como nos hacen percibir. O lo es, eso ya deberás identificarlo tú, pero tan prioritario como lo imaginas, es probable que no. La urgencia, otro factor que influye en la ansiedad y en la desdicha. Puede ser que tu objetivo real no sea el que tú hubieras elegido, igual tú no querías posicionarte a nivel laboral y ser alguien importante que gana cantidades ingentes de dinero. Ni tener una casa, ni un coche. Puede ser que solo quisieras dedicarte a lo que te gusta y te hace feliz cada día, y que ni siquiera te lo hayas planteado porque "es solo un hobby" o porque tu familia y entorno enloquecería. Hay personas que de hecho huyen de hacerse estas preguntas porque la respuesta les suscitaría un enorme malestar y se niegan entrar en esta crisis, o más bien la postergan. Pero sin crisis no hay crecimiento. Igual elegiste estudiar lo que estudiaste por las salidas laborales, porque te lo recomendó tu padre o porque la posición de uno de tus progenitores en ese campo te facilitaría luego la vida. O porque en ese momento tus amigos eligieron estudiar eso y tú estabas más perdido que un hijoputa el día del padre (¿La crisis de los 18? jaja). Igual elegiste tu carrera por vocación. Igual te das cuenta trabajando de que nada tiene que ver tu trabajo con lo que soñaste en la carrera. O encontraste un trabajo que disfrutas y que te hace aprender a diario. Igual trabajas para vivir y no al revés. ¿Igual?

O igual no.




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